diciembre

Dice el refranero, cosas como “En diciembre no hay valiente que no tiemble”. Pero la verdad es que temblar, lo que se dice temblar puede suceder por muchas y diversas causas, pero desde luego, a causa del frío está difícil, vistas las temperaturas que padecemos en el año que ya se considera el más cálido desde que existen registros. Tomen nota los negacionistas cansinos y los cómodos indiferentes que ni se han enterado del fracaso total de la última cumbre climática celebrada en Dubai

Mejor no hacer caso al refranero en cuanto a sus predicciones porque leer que “en diciembre hielo y nieves, si quieres buen año el que viene” nos ha de dejar bastante preocupados ya que no se ha visto más hielo que el de la coca cola y la única Nieves que vemos es la vecina que saludamos todos los días. Otros refranes rematan la idea manteniendo que “cuando en diciembre veas nevar, ensancha el granero y el pajar”, lo que traducido al entorno urbanita más habitual viene a decir, que, si no nieva, como es el caso, mejor alquila el granero y vende el pajar porque de poco te van a servir. Vamos que vienen los apretones de cinturón.

Diciembre fue un mes malo, malísimo para los que iniciaron el viaje definitivo como Frank Sinatra, Beethoven, Elton John y Charlie Chaplin y quienes se vieron privadas de su talento y habilidad para hacernos felices. También para John Lennon al que un fan loco asesinó en la puerta de su casa. Claro que en diciembre vino al mundo Walt Disney, con su filmografía que tanto nos hizo llorar y sonreír, que nos educó tanto como nos confundió. También nació Nerón cuya llegada al mundo no parece que sea motivo de celebración a la vista de su piromanía y otras malas costumbres.

También fue en diciembre del 2019, cuando las autoridades sanitarias de la ciudad de Wuhan informaron sobre la aparición de un virus llamado COVID-19, que nos sonó a todos a chino, y perdonen el chiste malo, pero llegó a afectar a más de 770 millones de personas en todo el mundo.

Pero fue Rafael Alberti, nacido un mes de Diciembre, quien dijo aquello que tanta falta haría hoy en día: “Yo nunca seré de piedra, lloraré cuando haga falta, gritaré cuando haga falta, reiré cuando haga falta, cantaré cuando haga falta”.

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